martes, 13 de diciembre de 2016

Ven, que vamos a hacer un pacto yo y tu sonrisa.

Día 46.
Todos éstos han pasado
desde que me atreví a decirte lo mucho que te quería.
Y tú seguramente seguirás sin creértelo,
como yo no me lo creí aquella noche de Halloween en la que me lo dijiste.
En mi cabeza retumbó
como lo hace una voz en una habitación cerrada,
un cuerpo extraño,
un verbo distinto,
que mi cerebro no estaba acostumbrado a procesar.

Y después de todo este tiempo,
cada día que pasa
tengo más claro
que eres esa persona,
alguien especial,
alguien tremendamente especial...

Has hecho que ame los días de lluvia,
los lunes,
y hasta la carrera;
todo gracias a tus palabras,
a tus gestos,
a ti.

Ojalá me quede mucho tiempo
para poder demostrarte todo lo que (te) quiero.
Llenarte de caricias,
darte amor,
contar los lunares de tu cuerpo,
ese que parece esculpido por Miguel Ángel,
y arañarte la espalda.
Dormirme escuchando tu respiración,
despertar y verte a mi lado,
que ese es el único paraíso que existe.
Tu boca.

No sé decírtelo de otra forma,
porque ya sabes que soy una "mierdas",
así que aquí te lo dejo.
Para siempre.
Si lo quieres.
Todo tuyo.

                                                         Love you.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Ña.

Tengo tantas cosas que decirte, que no sé por dónde empezar. 
Como siempre, en mi línea torcida (pero siempre hacia arriba), de tener todo desordenado en mi cabeza y... puede que en el corazón.
Es la primera vez que encuentro a alguien tan cerrado como yo (o incluso más), así que creo que me entenderás. 
Quiero expresarte tantísimas cosas que al final todo se queda en nada. Por eso creo que estás aquí, ocupando una nueva entrada de este blog, al que tengo amor y odio a partes iguales. A ver si sale algo, aunque sea una parte de lo que siento.

Quién me iba a decir a mí hace casi seis meses, cuando llegué a la sierra con la mentalidad de beberme hasta el agua de los floreros y nada más, que un chaval de un pueblucho me iba a calar tan hondo. Porque aunque tardé en admitirlo (y en el fondo no me gusta), me he acabado pillando hasta las trancas. 
Y, ¿sabes? he decidido dar el paso.
Porque alguien me dijo que no se puede vivir toda la vida con el peso de no permitir que nadie te vuelva a gustar, de no querer que nadie te quiera. Ni querer. 
Y por fin lo he dejado. 
Lo he hecho contigo porque en estos meses te he conocido un poquito (lo que has querido) y me he dado cuenta que mereces mucho la pena. De verdad. Créetelo. La humiltat y valors para otro momento. 
No sé lo que durará esto tan bonito que tenemos, ni lo que significaré yo para ti. 
Tampoco creo que lo quiera saber. Lo personal es personal. 
Pero ahora quiero que tú sepas todo lo que significas para mí (y que esto no sea un peso para ti, no).





Contigo he podido dar el paso de nuevo a abrirme con alguien.
He dejado los miedos.
Atrás.
Muy atrás.
Contigo me he dado cuenta que Madrid es mucho más bonita.
(eres mi lugar preferido donde quedarme a vivir).
Que un simple paseo por cualquier calle,
me da la energía para poder llevar la semana a cuestas.
Que la lluvia a tu lado es placentera,
y que me la suda como acabe de mojada porque te tengo a mi lado.
Y con eso es suficiente.
Eso es lo que quiero.
Que días de mierda, pueden acabar siendo geniales con una simple foto haciendo el gilipollas.
O un mensaje.
Que me sacas una sonrisa sin quererlo.
Que haces magia.
Y eres magia.
Que no me hace falta aparentar. 
Que puedo gustar tal y como soy.
Al natural.
Recién levantada.
Sin peinarme.
Y con una camiseta robada por pijama.
Contigo los complejos que tenía con mi cuerpo se han esfumado.
La relación con la comida ya no es tan tormentosa.
Incluso la vergüenza a comer delante de cualquier persona, 
se ha ido.
Chas. 
¿Ves? 
Otra vez,
magia.
Que aunque tú no te lo creas,
cuando te pones en modo padre,
y me picas,
me ayudas muchísimo.
Y que tampoco sé como agradecértelo.
Quiero seguir viviendo cosas de tu mano.
Seguir creciendo junto a ti.
Aprendiendo.
Que me dejes cuidarte.
Darte todos los mimos que pueda.
Todo el amor que tengo.
Que lo quiero todo contigo.
Y que gracias.
Simplemente gracias,
por cruzarte en mi camino
y aceptar quedarte 
sin ningún pero.




"Éramos tú y yo 
Olivia,
bailando de sol a sol,
dos volcanes de ideas
 a punto pa' la explosión.
Tú y yo,
Olivia,
 bailando de sol a sol, 
dos volcanes de ideas 
en erupción, 
éramos tú y yo..."


Te quiero.



viernes, 28 de octubre de 2016

No sé cómo decirte.

No sé cómo decirte que lo siento, 
que tengo las pupilas llenas de remordimiento, 
que lo intento pero no me centro, 
soy un fracaso 
y de momento van ganando los “peros” a los abrazos, 
que estoy harta de besos amargos, 
de “te lo dije”, 
del pasado, 
de no ser capaz de abrirme, 
de fortificarme hasta deconstruirme, 
de ser esclava de la nada 
y como si nada apareciste.

No sé cómo decirte 
que llegaste cuando no creía en nadie, 
planeaba destruirme,
conquistaste mi parte cobarde, 
mis días tristes, 
llenaste de grados de alcohol algunas cicatrices, 
mis raíces que no recordaba, 
flores que se abrían seducidas por la madrugada,
nadie gritando nada, mundo de mierda 
que con tus carcajadas hoy merece más la pena 
y no sé cómo decirte que lo intento, 
que el tiempo es oro pero el oro no puede ser tiempo, 
que he visto cientos de universos en tus labios 
y ojalá creas en ti casi tanto como yo lo hago. 
Que soy una vaga, 
ya sé que no entiendes, 
pero en esto soy un mago, 
malabares adyacentes con notas seleccionadas cuidadosamente, 
que intentan dibujar lo que mis silencios mienten. 
Y no sé cómo decirte si me miras, 
que somos un desastre y yo quiero desordenar mi vida, 
desaprenderlo todo, 
empezar de cero 
y cuando caiga el aguacero ya se limpiará la herida. 
Suficiente mientras quede birra, 
tampoco le pedimos nada al cielo que no exija. 
Te quiero libre es un pleonasmo, 
la noche se hizo corta y se iluminó el orgasmo, 
amaneció y nos acostamos, 
se perdió el tiempo, 
le he cogido el gusto a los domingos desde que son nuestros. 
Tengo el hígado ya descompuesto, 
risas en exceso,
el conjuro que abre las compuertas del bostezo 
y ahora creo en otros universos, 
la verdad, hay un vértice bajo tu cama y triplica la gravedad. 
Soy un daño colateral, 
es literal, 
voy a rezar dos chupitos nuestros en honor al tulipán.
No sé cómo decirte que fuiste la chispa de esta mecha, 
no habrá Dios que nos aguante, 
pero habrá cerveza, 
que arderá Valencia, 
concédeme este baile,
que quiero leer en braille toda tu existencia, 
acariciarte hasta romper el aire, 
el miedo a que te marches, 
sé que va a dolerme sólo quiero equivocarme, 
perderme por toda tu carne, 
susurrarte que eres ese libro que no quiero que nunca se acabe.

lunes, 17 de octubre de 2016

Para siempre, contigo.

Puedo escribirte los versos más tristes esta noche...


"Que te llevo puesto en la piel,
que hoy me he vestido de ti
y lo que me rodea son tus caricias"


Y con la primera frase empiezo mintiendo porque no hay nada triste a tu lado. 
Eres alegría, eres felicidad. 
Me has devuelto esa ilusión que hace tanto perdí. 
Esas ganas de volver a querer a alguien. 
De arriesgar. 
Quiero volver a entrar a ese casino, 
el que hace años juré no volver a pisar 
y apostar todas mis fichas a ti. 
Mi todo o nada.
Porque eres la suerte. 
Mi suerte. 
Y sé que contigo nunca se pierde. 
Me regalaste tus veranos,
tus septiembres,
y yo nunca te di las gracias. 

Por eso quiero hacerlo ahora. 

Mi ser casi hermético me obliga a escribírtelo, 
porque en el fondo sé que a la cara nunca podría decirte estas cosas. 

Gracias por darme tus noches y tus días.
Tus horas libres.
Por aguantarme.
Por cuidarme.
Por hacerme feliz.
Por regalarme tantos buenos momentos,
que ahora guardo en lo más profundo de mi corazón.
Porque ya te has instalado ahí.
Y jamás te irás.
Pase lo que pase.
Hagas lo que hagas.
Para siempre.
Conmigo.

Yo no quiero estrellas fugaces,
quiero ver pasar el otoño a tu vera.
Que se caigan las hojas
y pedir un deseo por cada una de ellas que roce el suelo.
Que seas mi secreto,
pero a voces.
Y que te hagas realidad.



Para siempre.
Contigo.




Te quiero.



lunes, 5 de septiembre de 2016

Madrid contigo.

Quiero perderme por cada calle y que aparezcamos en algún lugar desconocido.
Quiero que me enseñes las cosas que aún no he aprendido.
Quiero equivocarme contigo.
Enfadarme.
Reconciliarme.
Reírme.
Follarte.
Quiero perder ese miedo a enamorarme.
Quiero que me ayudes a crecer como persona.
Vivir momentos inolvidables.
Y dejarlos grabados en mi memoria para siempre.
Quiero regalarte detalles y que cada vez que los mires, sonrías.
Quiero ser ese motivo por el que eres feliz.
Quiero ver esa cara bonita dormir a mi lado cada día.
Que me muerdas.
Que me abraces.
Que me des cariño.
Lo quiero contigo todo.
Y poco, muy poco a poco.


Que vuelva la magia...

lunes, 18 de abril de 2016

Niebla.

Entro a mi habitación después de un día agotador en la universidad. Miro la cama con ojos de deseo y pienso "qué pronto te voy a abrazar hoy".
Pero al acostarme, todo se vuelve oscuro. Triste. Se me empieza a acelerar el corazón y duele, duele mucho. Y es que no puedo evitar pensar, pensarte. ¿Qué coño me está pasando? Le doy vueltas a todo y mil cosas se me pasan por la cabeza.
Mi corazón se alegra cada vez que veo un whatsapp tuyo. Tendrías que ver mi cara de monguer... Esa sonrisilla que se me escapa y que odio. Que odio porque sé a lo que lleva.
Como siempre estoy hecha un lío y la verdad que ni idea tengo de lo que quiero. O en el fondo sí y no quiero darme cuenta. Yo que sé.
Mi cabeza me dice que pare, que pare de hablarte, que frene en seco porque ésto no es bueno. Que las dos sabemos a lo que llevan estos sentimientos. Y que se han acabado las tiritas. Que no puedo sufrir de nuevo.
Son mi ángel y mi demonio.
Pero yo siempre he sido de estar en las nubes.
Desde aquí se ve todo más bonito, ¿sabes? Hasta que se nubla y empieza a llover.
No sé cómo acabará esto, sólo espero que pueda estar contigo en el infierno una vez más.
Me gusta estar calentita.
Me gusta tu calor.

viernes, 12 de febrero de 2016

Tan claro.

"Soy como tú estás, soy como te sientas hoy."
Soy la tía con la que nunca tendrías algo serio, pero que siempre te hace pecar.
"Un día quiero dejar el mundo entero por ti, la misma noche me aburro y no eres para mí."
El problema es que de ti nunca me aburriría.
Me encantas.
Por lo cabrón que eres.
Por lo que escondes.
Por lo que me das y lo que me quitas.
Eres esa piedra en el camino con la que quiero tropezar una y otra vez.
Quiero que me hagas sangre.
Para luego curarme las heridas.
Y después mimarlas.
Y mimarte.
Y tenerte asco.
Y quererte apartar.
Y no hacerlo porque sé que te echaré de menos.
Y que al final te quedes en mis cicatrices.
Toda la vida.
Conmigo.
Eres.
Simplemente eso.
Y siempre serás.

sábado, 2 de enero de 2016

Roma.

"Una huida es una mudanza de problemas. Recuerdo muy bien la primera vez que le solté esa frase a Roma. Se la solté como quien deja caer un aforismo para el cual el mundo aún no está preparado. Como dejando una pausa dramática previa al aplauso. Se me quedó mirando fijamente con sus ojos verde infinito y me soltó un "ya" que me dejó bailando en pelotilla picada como sólo un monosílabo puede dejarte.
No era la primera vez que intentaba disuadirla, bordearla, rodearla, tratar de evitarla de algún modo y a toda costa. Cuando eres consciente de lo mucho que puede atraparte la belleza, prefieres no tener que exponerte nunca y seguir disfrutando de tu ignorancia, sí, pero en libertad.
Y mira si era bella que aún no le había dado tiempo a construirse un centro histórico, y sin embargo ya era una de las más deseadas. Todo el mundo que la veía, de forma instantánea ansiaba recorrerla. Lo que prometía su juventud, lo cumplía con creces una mente fuera de lo común y una madurez impropia de las vueltas al sol que había podido dar. Y por alguna razón que aún hoy se me escapa, ella me eligió a mí. Un turista con las sandalias demasiado gastadas, una piel con muchas horas de sol y una mochila pesada hasta decir basta.
Por eso, nada más conocerla, le dije que no me creyese, que jamás confiase en mí. Como vi que no me hacía ni caso, pasé al siguiente nivel. Le amenacé, le dije que si se enamoraba de mí sólo íbamos a sufrir los dos. Que el amor sólo dura tres años. Y a mí cinco, como mucho. Que todas las relaciones que había tenido las había acabado yo y después habían acabado conmigo. Que yo no estaba en un momento para sentir nada por nadie. Que sólo sería disfrutarnos juntos. Que nos acompañásemos en soledad. Y acabé preguntándole si quería que su soledad acompañase a la mía. Y me dijo que sí.
Había que tomar medidas más drásticas. Le hice jurar que no nos comprometeríamos nunca. Que jamás me prometiese fidelidad. Que si quería podía acostarse con quien quisiera. Que ella era libre y que debía seguir siéndolo conmigo y pese a mí. Pero nada. Me felicitó por pensar así y me dijo que hacía tiempo que buscaba un hombre con esas ideas. Me morí de ganas de preguntarle si seguía buscando, pero me mordí la boca.
La invité a cenar a mi casa y quemé una pizza para que viese lo inútil que puedo llegar a ser. Le encantó. Se la acabó entera. Se quedó a dormir. Y yo en cambio le regalé un cepillo de dientes.
No podía ser. Subí el nivel. Máxima potencia. A toda máquina. De perdidos al río. Le confesé que en realidad yo era bígamo. Que ella formaba parte de la mitad de mi plan. Que debíamos buscar una tercera juntos.Y que me ayudase con las candidatas. Me dijo que vale. Que dónde estaban.
Pude ignorar a Roma cada cinco minutos. Luego cada diez. Después cada veinte. Y así hasta que sólo pude dejar de verla una vez cada quince días. Hoy no recuerdo la última vez que pude pasar un día sin pensar en ella. Y lo peor, estoy feliz. Ella me ha hecho sentir bien haciendo justo lo contrario de todo lo que pretendía hacer.
Con Roma me ha salido todo al revés.
Hasta su nombre."