lunes, 30 de enero de 2017

Vientos de tormenta.

Odio los celos.

Ayer sufrí una crisis de esas y me siento mal porque pensé que los tenía controlados. Que no sé porqué vinieron. O en verdad sí que lo sé, pero me da vergüenza admitir que fue por tal gilipollez.
Todas mis amigas diciéndome que no le diese mayor importancia, que si me lo contaste fue porque a ti no te hizo nada más que gracia esa situación tan absurda.

¿Pero qué quieres que le haga?


Reflexionando sobre ello, me he dado cuenta que viene todo por lo mismo de siempre.

La puta inseguridad. 

Y que me enfado conmigo misma porque en este caso, también pensé que lo había superado, pero a la vista está que no. Que sigo con los mismos putos complejos de siempre, que sigo estando tan cagada como antes, con los mismos miedos, el mismo pánico.
A que te marches. 
Que me digas adiós el día menos pensado.
Y me dejes aquí.
Pillada hasta las trancas.
Queriéndote más que nunca.
Con todos tus recuerdos.
Y sin saber qué hacer con ellos.
Si quedármelos o tirarlos a la basura.
Si pasar página o quedarme estancada.
Que no quiero volver a pasar por lo mismo una vez más.
Que me niego.
Pero que es inevitable.
Porque sé que esto no es para siempre.
Y es lo que más me jode en el fondo.
Que no seré la última chica.
Y que igual ese jodido pensamiento, ese temor, es el que no me está permitiendo disfrutar de todo esto como debería.
Que me lo merezco.
Lo sé.
Pero no puedo.

Porque en mi caso siempre gana el miedo a la felicidad completa. 
Lo negativo a lo positivo.
Y no sé cómo cambiarlo.


Por eso te pido perdón ante todo. Porque sé que a veces cansan mis cambios de humor ante algunas circunstancias, pero quiero que sepas que no es por tu culpa. Es y será siempre mía. Tenlo claro. Pero que entiendas que aunque no te lo diga, todo lo que tengo es puto miedo. Simple y llanamente, eso. 

viernes, 20 de enero de 2017

Viaje a ninguna parte.

Un viaje en metro da para mucho.
Estudiar,
escuchar música,
hacer trabajos de última hora,
mirar por la ventana,
quejarte del frío que hace,
hasta puedes pensar.
Pensar cosas buenas y malas.
Pero pensar, al fin y al cabo.
En la vida,
lo feliz que eres,
la lista de la compra,
en qué te vas a poner mañana,
cómo te vas a cortar el pelo la semana que viene,
en ti.
Y tras muchos viajes largos en metro,
me he dado cuenta que eso es lo que más me gusta.
Pensar en ti.
En lo guapo que estás.
En cómo me gustan esos lunares que tienes,
recorrerlos todas las veces que puedo,
con mis manos.
Esos dientes perfectos,
que parecen sacados de un anuncio de Vitaldent.
En esos labios gorditos que tanto me gustan morder.
En tus manos,
llenas de heridas,
en tus uñas,
imperfectas y mordidas.
Ese pecado que es para mí,
tu cuerpo
y que hasta Eva se moriría por probar.
¿Qué bonitos son los viajes en metro, verdad?
Pero yo ahora sólo te pido que te subas conmigo,
que dejes los miedos,
si es que alguna vez has tenido.
Que disfrutes de este viaje,
tanto como yo lo estoy haciendo.
En cada parada,
cada estación,
(aunque contigo siempre es verano),
cada ciudad.
Visitemos templos,
museos,
arte,
que es verte sonreír.
Aprendamos,
descubramos,
hagámonos personas.
Pero juntos.
Lo único que quiero,
es llegar a mi destino,
pero contigo de la mano,
y que me puedas besar al terminar el camino.
Porque no hay nada más bonito que tu boca,
porque no hay nada más bonito que .




                                                          I love you.