"Que te llevo puesto en la piel,
que hoy me he vestido de ti
y lo que me rodea son tus caricias"
Y con la primera frase empiezo mintiendo porque no hay nada triste a tu lado.
Eres alegría, eres felicidad.
Me has devuelto esa ilusión que hace tanto perdí.
Esas ganas de volver a querer a alguien.
De arriesgar.
Quiero volver a entrar a ese casino,
el que hace años juré no volver a pisar
y apostar todas mis fichas a ti.
Mi todo o nada.
Porque eres la suerte.
Mi suerte.
Y sé que contigo nunca se pierde.
Me regalaste tus veranos,
tus septiembres,
y yo nunca te di las gracias.
Por eso quiero hacerlo ahora.
Mi ser casi hermético me obliga a escribírtelo,
porque en el fondo sé que a la cara nunca podría decirte estas cosas.
Gracias por darme tus noches y tus días.
Tus horas libres.
Por aguantarme.
Por cuidarme.
Por hacerme feliz.
Por regalarme tantos buenos momentos,
que ahora guardo en lo más profundo de mi corazón.
Porque ya te has instalado ahí.
Y jamás te irás.
Pase lo que pase.
Hagas lo que hagas.
Para siempre.
Conmigo.
Yo no quiero estrellas fugaces,
quiero ver pasar el otoño a tu vera.
Que se caigan las hojas
y pedir un deseo por cada una de ellas que roce el suelo.
Que seas mi secreto,
pero a voces.
Y que te hagas realidad.
Para siempre.
Contigo.
Te quiero.
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