Ayer sufrí una crisis de esas y me siento mal porque pensé que los tenía controlados. Que no sé porqué vinieron. O en verdad sí que lo sé, pero me da vergüenza admitir que fue por tal gilipollez.
Todas mis amigas diciéndome que no le diese mayor importancia, que si me lo contaste fue porque a ti no te hizo nada más que gracia esa situación tan absurda.
¿Pero qué quieres que le haga?
Reflexionando sobre ello, me he dado cuenta que viene todo por lo mismo de siempre.
La puta inseguridad.
Y que me enfado conmigo misma porque en este caso, también pensé que lo había superado, pero a la vista está que no. Que sigo con los mismos putos complejos de siempre, que sigo estando tan cagada como antes, con los mismos miedos, el mismo pánico.
A que te marches.
Que me digas adiós el día menos pensado.
Y me dejes aquí.
Pillada hasta las trancas.
Queriéndote más que nunca.
Con todos tus recuerdos.
Y sin saber qué hacer con ellos.
Si quedármelos o tirarlos a la basura.
Si pasar página o quedarme estancada.
Que no quiero volver a pasar por lo mismo una vez más.
Que me niego.
Pero que es inevitable.
Porque sé que esto no es para siempre.
Y es lo que más me jode en el fondo.
Que no seré la última chica.
Y que igual ese jodido pensamiento, ese temor, es el que no me está permitiendo disfrutar de todo esto como debería.
Que me lo merezco.
Lo sé.
Pero no puedo.
Porque en mi caso siempre gana el miedo a la felicidad completa.
Lo negativo a lo positivo.
Y no sé cómo cambiarlo.
Por eso te pido perdón ante todo. Porque sé que a veces cansan mis cambios de humor ante algunas circunstancias, pero quiero que sepas que no es por tu culpa. Es y será siempre mía. Tenlo claro. Pero que entiendas que aunque no te lo diga, todo lo que tengo es puto miedo. Simple y llanamente, eso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario