¿Para qué sirven las promesas? Es algo que nunca he entendido. Siempre prometemos cosas pensando que las cumpliremos para, o una de dos, hacernos felices a nosotros mismos o hacer feliz a alguien. Yo lo llamo engañar(se), porque en el fondo todos sabemos que no lo vamos a cumplir.
Prometí no volver a escribirte y aquí estoy de nuevo, dedicándote otra entrada más. Pero esta vez no es para lamentarme ni decirte que te echo de menos, porque si dijese eso (¡por fin!) estaría mintiendo. Es para decirte que ya he terminado de releer nuestro libro y que me he aburrido. He decidido empezar otro que tiene mejor pinta y el principio me está gustando bastante, ¿sabes? No sé cómo acabará, si me gustará o no, si lloraré con el final... Ya lo veremos con el tiempo.
Pensé en quemarlo para no volver a caer, para no cometer el mismo error que he estado cometiendo estos meses, pero sería borrar una parte de mi vida y no me gustaba la idea. Nunca he sido de esa clase de personas. Así que mejor lo guardo en mi estantería, que se quede cogiendo polvo con todos tus recuerdos, con los míos, con tus mentiras y mis medias verdades escritas en tinta invisible.
Echo la llave hasta la próxima vez que me toque guardar otro. Y esperemos que me guste más que el tuyo.
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