Como me gustaría que estuvieses aquí conmigo ahora.
Hace tiempo que abrí los ojos, ¿sabes? Y ahora lucho con todas mis fuerzas contra las injusticias. Creo que en ese aspecto he salido a ti y sé que allá donde estés me estás viendo, que sonríes y que estás orgulloso de mí.
En estas fechas todos nos acordamos mucho de vosotros. A la yaya se le escapan algunas lágrimas cada vez que ve vuestras fotos y yo las intento controlar. Nunca me ha gustado llorar en público, ya me conoces, soy muy orgullosa para esas cosas y además las jugadoras de rugby no lloran.
Sí... juego al rugby con el equipo de la facultad, abuelo. Estarás igual de asombrado que mis padres, las tías o los yayos. No te imaginabas que esa princesita a la que veías cantar de pequeña con una corona y pintada como una puerta iba a terminar haciendo un deporte como ese... Pero ya ves las vueltas que da la vida.
Dile a la abuela que la echo de menos también, que me acuerdo mucho de ella y que aún guardo la chaqueta roja que me hizo. Se quedará conmigo hasta que me junte con vosotros.
Solo te pido una cosa. Mándale fuerzas a la yaya, por favor. Está con los ánimos muy bajos por los problemas de salud que ha tenido, pero yo sé que ella puede con eso y con mucho más porque la Carmen es mucha Carmen. Por lo demás está todo bien, seguimos unidos. Ya te escribiré otro día para contarte más cosas, hasta entonces no te separes de mí.
Os quiero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario