Mi problema es convivir con el conflicto,
de un corazón adicto a todo lo que quema.
Yo lancé la moneda
pero salió cruz
y desde entonces
sólo escribo canciones de amor
pa' enamorarme de cualquiera que no seas tú,
y convertirme en cualquiera que no sea yo.
Calavera,
lejos de tu vera,
mi boca te invoca.
Mi cama aún se acuerda
de lo bonita que era,
la manera en que tu boca
imitaba la primavera.
Y quizás por eso,
todo lo que escribo,
empieza siendo verso
pero acaba siendo aullido.
Y justo cuando creo que mi corazón te alcanza,
llega el desengaño devorando a la esperanza.
Ni contigo ni sin ti puedo estar,
vivo con esa ansiedad a cuestas,
no sabes lo que me cuesta,
buscarte en la cama al despertar
y ver que no estás.
Hablo con la botella,
pero ella tampoco me devuelve la respuesta,
no sabes lo que me cuesta,
ni contigo ni sin ti puedo estar.
Después del sudor,
la guerra fría,
después del amor,
la despedida.
La cicatriz sobre la herida
fue quién me enseñó
que la piel también olvida.
Así que
cuando Dios no responde a mis preguntas,
me bajo a la calle
que es maestra redentora,
en busca de un amigo
que me dure hasta la tumba,
y en busca de un amor
que me dure hasta la aurora.
Pero,
como si fuera un accidente,
empieza a amanecer en Occidente,
y yo no estoy allí,
cerca de tu vientre,
y descubro que nada dura nada de repente,
y te juro que arrastro colecciones de obsesiones,
y sigo soñando con tus piernas todavía,
ya he aprendido que mis besos y canciones,
quedan mucho mejor en tu boca que en la mía.
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